Como hemos comentado aquí muchas veces, se sabe que uno de los componentes adictivos de las redes de la Red consiste en las recompensas afectivas que encontramos en los nuevos «amigos», en los «me gustas», en los «retweets», en los «comentarios», en el número de visitas a nuestro blog o a nuestra web e incluso a nuestro «perfil»… Son caricias que buscamos desesperadamente detrás de cada clic y que nos tienen segregando saliva –o bilis, depende– como al perro de Paulov.

Una diseñadora listillaMelissa Chow ha decidido que, si las grandes corporaciones dueñas de las redes sacan dinero de nuestras debilidades, por qué no ella y se ha lanzado a convertir la caricia digital en recompensa física, el premio virtual en manifestación afectiva en tres dimensiones, el clic del ratón en caluroso abrazo sintético o en apretón, según se mire.

La idea es tan estúpida como simple: nos colocamos su abrigo con apariencia de salvavidas  marino y cada vez que alguien en la red se refiera a nosotros con su ratoncillo o con su dedo en la pantalla móvil, el salvavidas se infla y nos abraza amorosamente.

Si antes era en la fría pantalla plana y sin sentimientos donde buscábamos nuestra zanahoria virtual, ahora podemos ir por la calle con nuestro smarphone y, de repente, ¡zas! nos inflamos de satisfacción. Estamos en la misa dominical, los que tenemos esa mala costumbre, y se nos olvida apagar el móvil: además de sonar en el momento inoportuno, ahora dejaremos perpleja a la feligresía cuando en plena homilía, nos inflemos de gusto. O en el apretón del autobús, será divertido que nuestro chaleco haga que la vecina crea que somos unos pervertidos cuando sienta en su trasero y en su espalda que nos inflamos como globos.

¿Que no es cierto? Helo aquí:

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Demostración en vídeo:

Creo que para salvar las apariencias, incorpora una goma para soplar en caso de que nuestro éxito cibernético sea muy limitado. Es el salvavidas del salvavidas. Y, bueno, por lo menos abriga, creo.