Hemos reseñado aquí pormenorizadamente el libro de Shoshana Zuboff que analiza en profundidad el fenómeno del capitalismo de la vigilancia al que vivimos sometidos aborregada y felizmente los usuarios, cediendo nuestros datos –que son nuestra privacidad y nuestras vidas– a las grandes corporaciones de Silicon Valley.

A más a más, sea bienvenida esta entrevista en La Vanguardia en la que Inma Sanchís aborda con Tiago Santos – economista, experto en formación de perfiles digitales– el tema de la privacidad o, mejor, el de su total ausencia, porque de manera sencilla y expresiva pone negro sobre blanco cuál es nuestra realidad actual, resumida en este titular:

“Vivimos en un show de Truman donde somos observados”

–“¿Acepta nuestra política de datos?” es la pregunta a la que hoy más respondemos en nuestros dispositivos electrónicos. Todos lo aceptamos.

–Sí, y muy pocos las conocemos. Nueve de cada diez usuarios no revisa las condiciones de privacidad antes de aceptarlas. Vamos con prisas y decimos amén a todo.

En el 2016, el Consejo Noruego del Consumidor imprimió los términos y condiciones de uso de las 30 aplicaciones más populares e invitó a un grupo de voluntarios a leerlas. El experimento duró 31 horas y 49 minutos. Más de una hora por aplicación.

Y el problema no solo reside en la longitud de los textos, sino también en el formato, la presentación y la terminología utilizada, que hacen casi imposible la comprensión lectora, eso provoca que muchos usuarios las acepten sin leerlas.

–Al 69% no le preocupa el uso que hacen de sus datos.

–Y no tiene sentido, porque por un lado somos muy cautos, les decimos por ejemplo a nuestros hijos que no hablen con desconocidos, pero a la vez les damos un móvil en el que van aceptando condiciones para poder avanzar.

–¿Debería preocuparnos?

–Sí, y mucho, porque no solo damos permiso para que accedan a nuestra información personal sino también a datos de otras personas que tenemos en nuestro móvil.

–¿Y eso?

–En nuestro calendario del móvil tenemos las citas de trabajo, otras personas, teléfono, dirección, contactos de amigos. Al aceptar términos y condiciones de cualquier aplicación damos acceso al dispositivo, a la cámara, al micrófono, a la memoria del teléfono.

–¿Qué implica dar permiso al dispositivo?

Les estamos dando la posibilidad de ver las condiciones del teléfono, conocer el estado de la red, hacer llamadas, saber el número, grabar mensajes de voz e, incluso, redireccionar a otro número.

–¿Y también doy permiso a acceder a mi cámara del móvil sin enterarme?

–Sí, es uno de los permisos más comunes que se aceptan sin revisar y que en la mayoría de los casos no son imprescindibles para el funcionamiento de la aplicación, poniendo así en riesgo la seguridad de los datos.

–¿Y qué implica en este caso?

–Al aceptarlo, la app tiene nuestro consentimiento para tomar fotos y grabar vídeos por sí misma. Puede hacer fotos con nuestro móvil de lo que estamos viendo y no solo cuando esa app está funcionando.

–¿La foto de mi hija pequeña en la bañera puede correr por ahí sin mi consentimiento?

–Lo habrá dado en las redes sociales para acceder a las fotos de su móvil y descargar las que desea, y esa aplicación podrá acceder a las que no quiere descargar, sabrán qué cara tiene su hija, dónde vive y adónde suelen ir. Su móvil y los que están detrás de él sabrán más de nuestros hijos que sus abuelos. Da vértigo.

–También nos tienen localizados.

–Sí, aplicaciones como las de mapas o clima necesitan conocer la ubicación exacta para mostrar resultados de la manera más eficiente, aunque con solo permitir el uso cuando se utilizan sería suficiente. Hay otras muchas apps que, aunque lo requieran, no se debería aceptar.

–Entiendo.

–La aplicación deportiva para entrenar, Strava, que utilizan entre otros muchos militares, también mostraba con su mapa de calor la ubicación y los planos internos de bases militares por todo el mundo y en países en conflicto, donde la privacidad de la ubicación es crucial. Parece ciencia ficción, pero es real.

–Cuénteme las consecuencias de dar acceso al micrófono.

–Pueden escuchar nuestras conversaciones incluso cuando esa aplicación está apagada. Es cada vez más común y alarmante como tras tener una conversación con familiares o amigos te aparece en el móvil publicidad relacionada con los temas tratados.

–Es pavoroso.

–“Ok, Google” no registra sonido solo cuando le hablamos. Ni tan siquiera necesita conexión a internet. Un horror que permitimos.

–¿Ahora podrían estar escuchándonos, aunque yo tenga el teléfono en el bolso?

–Sí, si por ejemplo hemos aceptado las aplicaciones de mensajes de voz. Pueden escuchar los detalles de un contrato y venderlo a terceros.

–Ahora WhatsApp, Instagram y Facebook se fusionan. ¿Qué significa?

–Tus datos circulan por esas empresas y por las asociadas a ellas. Si no aceptas sus condiciones, te quedas fuera. Es un problema de fondo, no se puede solucionar individualmente.

–¿Y la protección de datos?

–Falta legislación más restrictiva para que la relación sea más equilibrada; hoy en día no lo es. Sabemos que existen casos a nivel mundial que han vulnerado esa legislación porque les sale rentable, sin ir más lejos, el caso de Faceboock.

–Algo habrá que hacer…

–Vivimos en un show de Truman donde somos observados y donde desconocidos saben mucho más de nosotros que personas que están a nuestro lado. Hay que parar y pensar. Y los organismos internacionales deberían actuar ya.

Todos los agentes, sean políticos o sociales, deben buscar soluciones reales a un mundo que vive de forma paralela al mundo real: se trata de un mundo digital para el que no estamos preparados, falta legislación. Creo en el poder de las personas.

Antes de que tú le cuentes un secreto a tu mejor amigo ya lo saben muchas empresas en EE.UU. o en China. No hay aplicaciones gratuitas, unas tienen un precio y otras, más pacientes, han esperado al momento en el que tú te has vendido y te dicen: “Ahora que ya tengo tus datos, permíteme que haga con ellos lo que considere, o aceptas o estás fuera”. Abrimos de par en par el acceso a nuestras vidas a golpe de clic. Si, por ejemplo, das acceso al calendario, pueden consultar tus citas de trabajo o médicas, editarlas, eliminarlas y añadir eventos.

(Tiago Santos  es Director general de Ironhack, escuela líder en formación de talento digital que ha elaborado una lista con los siete permisos más comunes que aceptamos sin saberlo porque asegura que las apps son el Gran Hermano de la sociedad actual.)

«Es pavoroso», «¡Un horror!»… Vivimos en un Show de Truman permanente y lo sabemos. Sí. Pero a casi nadie le importa porque los beneficios del gratis total y nuestra hambre de comunicación pueden más que cualquier realidad. De este modo, algo que debería ser titular de portada por el abuso que implica, por el número de usuarios afectados y por lo que supone para el déficit democrático,  pasa a la última página del periódico donde se entrevista a personajes más o menos chocantes, originales o curiosos.

No obstante, quiero ser optimista. Cada vez es más notorio el abuso que se comete, cada vez hay más conciencia de lo que pasa y cada vez más se está empezando a hablar de controlar a estos enormes monopolios de lo digital para meterlos en cintura. 

Referencias:

“Vivimos en un show de Truman donde somos observados”