Va de Blogs y este lo es. Margarita Rivière (El Malentendido, Crónicas Virtuales, La Fama: iconos de la religión mediática) hace en El País una aproximación periodística al fenómeno del Blog, da algunos datos, lo expone y lo critica. Es interesante.  Una vez leído, no podía menos que reproducirlo aquí. He destacado en negrita el vocabulario que a mi juicio establece las claves del artículo. Al final, de nuevo, como en Baricco, la palabra mutación. Para pensar.

Buenas noticias para empezar el año: la cháchara planetaria va in crescendo con la imparable moda de los blogs, pero al menos hace poco ruido. Me explico: el delirio de esta incesante verborrea contemporánea -¿ganas de comunicarse o de exhibirse?- se produce en el espacio virtual de Internet. Puede tener sonido, pero no es necesario: suele ser letra pero también imagen, en movimiento o no. Se produce sin apenas intermediarios, su contenido es instantáneo y presuntamente espontáneo: se dirige a todo el planeta, es universal y ocupa un espacio sin límites, el llamado blogosfera. 

En ese lugar se habla de todo sin manías. Se exhiben egos, saberes, perversiones, nostalgias, ridiculeces, pasiones, anhelos, esperanzas, vanidades, traumas, fantasías, paranoias, verdades y mentiras. Se hacen confesiones: lo privado se convierte en público. Se denuncia. Se compra y se vende. Se invierte. Se manufactura el alma con un lenguaje instantáneo: la vida misma. Se envían SOS con la esperanza de que alguien esté ahí para leerlo, verlo, compartirlo. Es como meter un mensaje en una botella y echarlo al mar, pero a lo bestia. Estos espacios personales, los blog -diarios íntimos para exhibicionistas, o bitácoras como dicen los cursis- son el gran juego de azar comunicativo contemporáneo. 

 Una conferencia de expertos que se celebró en Copenhague, concluyó, el pasado mes de junio, que existían entre 50 y 70 millones de bloggers en el mundo. Estos especialistas calculan que «la blogosfera dobla su contenido cada cinco meses«. Hagan cuentas. ¡hay tanta necesidad de conectar! un joven blogger europeo sintetiza: «blogeo, luego existo«. Lo demás es marginación.

 
Los franceses explican (Le Monde, 3 de enero de 2006) que la blogmanía crece y crece hasta el punto de que un francés de cada 10 ya ha creado su blog en Internet. El primer editor de blogs en Europa, Skyblog, ha calculado que todos los días, en Francia, entre 10.000 y 15.000 nuevas páginas o diarios personales se añaden a las ya existentes. Los franceses están ufanos de ser los líderes europeos de la blogosfera con seis o siete millones de blogs activos, según avalan diversas agencias. La francofonía encuentra ahí su lugar. Los británicos disponen de un millón de blogs; los rusos, casi lo mismo. Estados Unidos, precursores del fenómeno blogguero en 1999, es la primera potencia de una blogosfera que habla, avasalladoramente, en inglés. La comunidad hispana está por cuantificar, pero encaja perfectamente en este panorama de multiplicación infinita.

¿Quiénes son los habitantes de la blogosfera? Se sabe que en Francia, el 47% de bloggers tiene entre 16 y 24 años, y el 54% son mujeres: «Una generación entera se expresa sin intermediarios», dicen. No exageran: ¿quién puede controlar el océano? Ni todos los espías del mundo juntos podrían saber todo lo que se cuece ahí, quién es el exhibicionista y quién el voyeur, devorador de intimidades, pensamientos ajenos, grandes ideas o, directamente, de tonterías. Están por ver las toneladas de basura que se generan de esta forma y cuáles serán sus efectos generacionales. 

Se sabe que el 1% de blogs franceses acumula el 80% de la audiencia: así el blog se convierte en soporte publicitario, pero la publicidad mata la esencia del blog, ¿o no? ¿Qué sucederá con la superpluralidad blogosférica? De momento, la revolución del blog es paralela a la del móvil y consolida el perfil de ese individuo permanentemente conectado no se sabe muy bien a qué, pero con el mero objetivo de existir en ese inabarcable mercado comunicativo. ¡Aquí estoy! ¡Leedme, miradme!, es el mantra del blogger. Mientras tanto, las prótesis electrónicas cambian las percepciones y los sentidos y reorganizan lo que, hasta ahora, hemos llamado experiencia humana. Vivimos en plena mutación.

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