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Facebook: aunque la mona se vista de seda…

Facebook: aunque la mona se vista de seda…

Que Montse Doval cite mis posts sobre Facebook es un privilegio, pero no es lo que me anima a completar el cuadro sobre esta red social. Es que me cita en un excelente post de su web Internetpolitica.com en el que profundiza, con mejor información que la mía, en algunos aspectos clave del Facebookaffaire que vale la pena compartir porque nos permiten entender mejor su sentido.

Parece que la filtración de Haugen no es una iniciativa casual ni solo personal, sino que responde a una estrategia meditada y con un fin muy específico. El carácter económico del medio elegido para su publicación nos habla de que hay una intención muy concreta de afectar a la corporación de Zuckerberg donde más le duele: el mundo financiero y de inversión. Dice Montse: «el daño reputacional entre los usuarios les importa relativamente, lo que realmente les duele es el daño reputacional entre los inversores. Cuando empezaron las revelaciones del WSJ, en un solo día la cotización de Facebook en bolsa bajó un 5%». Y no se ha limitado a filtrar información al periódico sino que Haugen ha acusado a Facebook de ocho delitos ante la SEC -un organismo similar a nuestra Comisión Nacional del Mercado de Valores.

Es muy interesante lo que cuenta Montse Doval acerca de la puesta en duda de la eficacia de la mal llamada «Inteligencia» artificial.  (Yo, como ella creo que «Llamar inteligencia a lo que hacen los algoritmos es una completa exageración. Aprendizaje de máquinas parece más adecuado.») Los opacos, misteriosos y superpoderosos algoritmos  capaces supuestamente de segmentar los datos que ofrecemos los usuarios hasta el nivel individual para ofrecérselos a terceros;  supuestamente capaces de intervenir en las elecciones políticas cambiando la orientación del voto de amplísimos sectores de la población; capaces supuestamente de corregirse a sí mismos filtrando y limpiando Facebook o Instagram de bulos, violencia o contenido inapropiado… Parece que estas supuestas capacidades no lo son tanto. Parece que puede haber mucho de exageración -¿quizá hasta de fraude?- en la oferta que Facebook hace a los terceros a los que vende nuestros datos. 

Es evidente la capacidad de los GAFAM a través de todas sus plataformas de acumular inmensas cantidades de datos directos -los que les damos voluntariamente los usuarios- e indirectos a través de las puertas traseras de nuestros dispositivos sin que nos demos cuenta. Me parece escandaloso que esto se produzca sin escándalo alguno y confieso que a veces me sume en la melancolía de lo inevitable. Sin embargo, me cuesta mucho creer que el simple conocimiento de lo que opinamos, decimos y en menor medida, hacemos  en la red sea suficiente para que estas compañías afirmen que pueden conocernos. Somos mucho más profundos y complejos de lo que se puede deducir de nuestros clics y no hay algoritmo que defina y resuelva el misterio de nuestra individualidad personal y nuestra libertad; no hay máquina ni empresa ni gurú sociopolítico capaz de dirigir nuestro inconsciente y cambiar nuestras convicciones. Creo que eso es un espejismo que propagan precisamente los que se dedican a vender ese tipo de magia, ese tipo de humo, a los políticos y empresarios. La influencia en el Brexit o en las elecciones norteamericanas de Obama o de Trump me ha parecido siempre mucho más limitada que lo que muchos titulares y analistas han dado a entender, fruto de la pereza ante la dificultad de buscar verdaderas razones políticas y/o sociológicas más complejas, profundas y verdaderas. 

Eso no quita que sea urgente la protección de la privacidad de los usuarios y la exigencia de una total transparencia a las grandes corporaciones de Silicon Valley ante las que estamos completa y sorprendentemente inermes. «La tecnología de aprendizaje de máquinas que intenta apropiarse del sobrante de comportamiento humano –dice Monstse Doval– es demasiado potente para dominarla. La intervención de alguien ajeno a las plataformas para limpiar sus daños es cada vez más evidentemente necesaria. […] El afán de lucro y la falta de transparencia del comercio de datos son un riesgo que no sabemos medir. Los estados están a la zaga de la tecnología y reaccionan tarde y con poca posibilidad de restablecer los derechos de los ciudadanos. […] Facebook está intentando enfriar su volcán: […] Posiblemente no sean ni tan omnipotentes como deseaban ni tan inocuos como pretenden ahora»   Incluso, los últimos rumores hablan de un cambio de nombre de la compañía como estrategia de enfriamiento. Pero no es el nombre lo que Facebook tendría que cambiar (aunque la mona se vista de seda, mona se queda) sino de estrategia, de propósitos, de transparencia y metodología.

Y no está en eso. Lo que le preocupa ahora es profundizar en la economía de la atención mediante el desarrollo del METAVERSO. Diez mil ingenieros de todo el mundo dicen que ha contratado para conseguir ponerse en cabeza de un nuevo modelo de red social inmersiva en la que los usuarios interactuarán «introducidos» virtualmente en una red tridimensional. Si los chavales ya lo tienen crudo para manejar el espejismo de Instagram, el entretenimiento vacuo de los youtubers y el scroll infinito de tik tok y si  algunos de ellos prefieren ya el brillante mundo virtual al aburrido mundo real, imaginemos lo que puede ser esta nueva forma de navegar…

Referencias

Montse Doval, internetpolitica.com 

Comunicación Efímera, en Amazon

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