Hoy sí va de educación. Esta foto y el texto subrayado en ella han provocado en Enrique Dansuna explosiva indignación materializada en dos entradas en su blog y una de sus columnas en Expansión con estos expresivos títulos Cómo se puede ser tan sinvergüenza y Matar al libro de texto.

Desde los propios títulos, el lenguaje de los dos post expresa una irritación excesivamente alejada de la ponderación que suele exhibir su autor y por eso muy llamativa. En la primera le dedica a la Editorial Anaya responsable de ese párrafo el calificativo de «sinvergüenza» y se pregunta cómo se puede «caer tan bajo» por «imbuir en la cabeza de los niños ideas absurdas y deformes», “mintiendo” «de manera burda, irresponsable y radicalmente manipuladora» por el puro interés de mantener su negocio de papel frente a los recursos on line.
Como soy profesor de lengua.  Leo de nuevo el párrafo fotografiado por si me he dejado algo que justifique tanta indignación.
Entiendo que lo que dice es que los niños busquen las dos acepciones de “Piratería” que el DRAE admite hoy y que se refieren exactamente a esos dos ámbitos de actuación: el pirateo clásico de lo que sea y «Cometer acciones delictivas contra la propiedad, como hacer ediciones sin permiso del autor o propietario, contrabando, etc.» No me parece que buscar en el diccionario y suscitar después un debate sobre un tema tan debatido sea un acto criminal, sino más bien buenas prácticas educativas de comprensión y expresión. Después, las dos preguntas que sugiere que se hagan, especialmente la última, son de obligada formulación en un debate sobre este tema. Yo me las he formulado ­–con perdón– y las he propuesto a mis alumnos en debates parecidos.
Entonces… ¿a qué tanto furor? ¿A qué tanta indignación? Tanta que el final del post termina con la conclusión de que lo único que se puede hacer para acabar con tanto ladrón y manipulador es «lo que desde hace tiempo teníamos que haber hecho»: acabar con el libro de texto.
No tengo otra respuesta posible que Enrique Dans exhibe aquí un cierto cibersectarismo. Seguramente él ya tiene contestadas esas preguntas en un sentido y no admite que pueda plantearse al respecto ni la más mínima duda. Es un ciberdogma incuestionable que ya no vive con la cabeza, sino con el estómago y de ahí la irritación, casi la cólera, el exceso.
Más que un post, parecería un tuit irreflexivo y facilón si no fuera por la extensión y, sobre todo, porque le lleva después a utilizar su columna periodística para construir una soflama más premeditada, pero igualmente excesiva contra el libro de texto. Pero a esa contestaré mañana.