Una imagen vale más que mil palabras

«Bien sabe uno que estas cosas se pueden alterar, que la elección podría haber sido la inversa, etc. 

Es lo que tiene la imagen, Pepe: ese poder de significado total, completo, de golpe, que nos brinda su percepción y que, sin embargo, no significa nada. Otra cosa es el célebre (de celebrado) valor de una imagen, que hemos encerrado en la expresión «mayor que mil palabras». Ese valor sirve más para «identificarnos» con algo o alguien sin el concurso de la reflexión que para, obviamente, «conocerlo» y «entenderlo«.

Sentado el aforismo que dice que «la cara es el espejo del alma», la facilidad para «identificarnos» (o no) con lo que enseña la imagen nos ahorra la dificultad de reflexionar lo que vemos en ella. Tal vez porque, habida cuenta de nuestra precariedad existencial,  nos urja más «ser» con algo o alguien que «conocerlo y entenderlo». Y, por supuesto, de esta indigencia humana el hombre se aprovecha sobradamente.

 Un abrazo, José Luis»

Y siendo todo esto cierto, la pregunta es: ¿que ocurre en una cultura, en una sociedad, en un medioambiente simbólico en el que la hegemonía es totalmente de las imágenes?

Gracias, amigo.