(Quinta entrega de la síntesis del libro de la socióloga de Harvard, Shoshana Zuboff, un texto imprescindible para quien quiera entender el mundo contemporáneo.

El 99’9% del texto que presentamos son palabras literales de la autora tal y como las escribe en su obra. Sin embargo, las hemos desplazado y reorganizado de acuerdo a nuestra comprensión del texto original sin señalar paginación alguna y con una serie de subrayados en negrita que igualmente son nuestros.  No obstante, al final de cada entrada tenéis el enlace a  la síntesis ordenada esta vez sí con las páginas y en el orden en el que Zuboff las presenta para que sea más fácil citarla.

Creo, por supuesto,  que merece la pena acceder al original y pido perdón a la autora por el tejemaneje al que hemos sometido su texto, pero esperamos que esta síntesis que presentamos pueda servir de aperitivo para abrir el apetito de la obra completa.

Ahí va la quinta entrega: Google pionera, segunda parte:

Las cadenas de suministro de Google comenzaron con su buscador web, pero se fueron expandiendo sistemática y (cada vez más) ambiciosamente hacia nuevos territorios: búsquedas, correos electrónicos, mensajes de texto, fotos, canciones, vídeos, ubicaciones, pautas comunicativas, actitudes, preferencias, intereses, caras, emociones, enfermedades, redes sociales, compras, dispositivos domésticos inteligentes, wearable (tecnología ponible) vehículos autónomos, drones, realidad aumentada… Todas estas actividades vienen a ser, en el fondo, una misma actividad: la captura de excedente conductual.  Google puede matamorfosearse en muchas formas distintas, pero cada una de ellas alberga un mismo objetivo: cazar y capturar materia prima. Es la expansión continua de la arquitectura extractiva para adquirir materia prima para alimentar un proceso productivo que fabrique productos predictivos. Un ciclo cada vez más implacable de secuestro de experiencia humana.

Así, Google cedió gratuitamente la licencia de Android a los fabricantes de móviles porque lo que pretendía era atraer usuarios hacia su buscador y hacia otros servicios de la empresa. Nos lo explicaba Schmidt en 2013: «El objetivo que perseguimos con Android es llegar a todas las personas. Superaremos la barrera de los 1.000 millones de dispositivos Android en el plazo de unos seis a nueve meses. En un año o dos, alcanzaremos los 2.000 millones. […] Un móvil relativamente barato y equipado con un navegador es lo único que se necesita para acceder a la información mundial». Una muestra de la vital importancia de esa ruta de suministro facilitada por los móviles es que Google la defiende con uñas y dientes frente a cualquier amenaza. La compañía ha aprendido a lanzar incursiones y avanzar implacable hasta allí donde encuentra resistencia. A partir de allí, seduce, ignora, abruma o simplemente agota a sus adversarios.

Lo hizo desde 2004 con el lanzamiento de Gmail y el escaneo de sus correos. Lo hizo igualmente con el lanzamiento de Street View en 2007, por el que todo espacio público se convirtió en territorio válido para esa nueva forma de incursión sin autorización, conocimiento ni consentimiento. Ya se había apropiado de todo lo que hay en la web, pero con Street View, Google Maps y Google Earth, Google tenía derecho a conocer y transferirse todo lo que hay en el mundo. (Sobre las prácticas torticeras de Google  con los coches de Street View, y las denuncias generadas por particulares y gobiernos, ver: https://elpais.com/tecnologia/2012/05/07/actualidad/1336391180_245016.html)

Se trata de la práctica de la dilación y la habituación. Entre la incursión inicial de sus coches en 2007 y a pesar de las denuncias que generó el escándalo del espionaje de las redes wifi de los ciudadanos en 2010, el final de la investigación de la FCC norteamericana y el cierre de la investigación alemana con escasos resultados en 2012, Street View siguió funcionando durante todos esos años. Entre 2008 y 2010, se recopilaron «ilegítimamente» 600.000 millones de bytes de información personal en todo el mundo de la que Google permanece incólume con la simple estrategia de que aquello fue el error de un ingeniero y la promesa no corroborada de que dejó de hacerlo desde entonces. Un sexenio para que la propia compañía insertara tácitamente en nuestra conciencia la idea de que Google es inevitable o para que incluso termináramos por considerarlo «práctico», «útil» o incluso «maravilloso».

Google inicia una intensa campaña de expansión en la que, si no pudo construir o fabricar algo, lo compró. En 2013, Waze, una empresa pionera en información sobre tráfico. En 2014, Skybox, una empresa emergente en imágenes vía satélite en tiempo real que garantizaba que «Las nuevas imágenes –en las que cada pixel abarca alrededor de treinta y un centímetros de la realidad– permiten ahora identificar lo que tiene usted sobre su mesa. Cuando se alcanza esta clase de frecuencia, ya se puede empezar a añadir lo que llamamos un análisis de ‘patrón de vida’». Google había conquistado «una nueva frontera» con la introducción de un «sistema de posicionamiento en interiores» que le permitiría ubicar y seguir a cualquier persona «cuando esté dentro de un aeropuerto, un centro comercial o una tienda», gracias a la introducción de una herramienta de mapeo móvil llamada Cartographer, que se llevaría como una mochila y podría cartografiar el interior de edificios.

Cada nivel de innovación se erige sobre el nivel previo y todos están unidos en una misma meta: la extracción de excedente conductual a gran escala. En septiembre de 2016, por ejemplo, la revista Register reveló que la aplicación de Google Play preinstalada en el teléfono Android de último modelo comprueba continuamente la ubicación del usuario y envía esa información a las aplicaciones de terceros que tiene instaladas en el dispositivo y a los propios servidores de Google.

Pero el poder asimétrico de Google no sería operativo sin la colosal infraestructura material que ha podido comprar con los ingresos procedentes de la vigilancia. Se considera que opera «la mayor red de ordenadores de la Tierra». Una infraestructura formada por un sistema que comprende un complejo de centros de datos del tamaño de almacenes industriales construidos a medida en quince emplazamientos diferentes, así como unos 2,5 millones de servidores repartidos entre cuatro continentes. Hoy es más difícil que nunca seguir la pista a Google porque ha alcanzado un nivel inigualable en cuanto a su combinación de infraestructura y potencia científica. Se dice que es una compañía de inteligencia artificial de rango completo porque utiliza sus propios almacenes de datos para entrenar en su propia nube a sus propios algoritmos con chips fabricados por ella misma.

Alphabet/Google es actualmente el adquirente más agresivo de tecnología y talento de inteligencia artificial. Los astronómicos salarios de las compañías tecnológicas han atraído a tantos profesionales que ya no queda ninguno para impartir clase a la próxima generación de alumnos de esa materia. Google ha triplicado en estos últimos años su número de científicos e ingenieros de inteligencia de máquinas contratados para que asalten con su ingenio las puertas de acceso a la experiencia humana, transformen ésta en datos y la trasladen así a ese nuevo coloso mercantil que crea valor prediciendo y controlando la conducta humana e influyendo en ella.

Referencias:

Síntesis completa de La Era del Capitalismo de la Vigilancia ordenada y paginada

La era del capitalismo de la vigilancia en Casa del Libro