Worst reality TV shows - iLekh
 
Una de las características de mi profesión es la de no aburrirse nunca. Hay que saber en ella hacer de todo: lo mismo arreglar un roto que un descosido. Un día estás en clase ocupado en la pizarra y otro encestando en la canasta mientras vigilas el recreo. Lo mismo te toca hablar con padres que tocar la guitarra en cualquier evento profano o religioso o, incluso en ocasiones, hacer bricolaje para la mejora compartida del centro educativo. Es así que los dos últimos años, mi tarea habitual de enseñar lengua y literatura se ha visto enriquecida con la gratificante experiencia de hablar de sexualidad con alumnos de toda edad y condición.
 
Y, cómo no, se me han pasado por la cabeza algunas de las cuestiones que sobre cuál es el clima sexual en el medioambiente simbólico en el que se desenvuelve nuestra vida contemporánea que tienen mucho que ver con la visión de la sexualidad que transmite el mundo de la imagen. Púseme a reflexionar y se me ocurrieron estas:
 
La Adultescencia
Una de las mayores paradojas de nuestra sociedad occidental consiste en hacer crecer a los niños demasiado rápido, animándolos al mismo tiempo a permanecer adolescentes el mayor tiempo posible. Se incita a los niños a tener comportamientos de adolescentes cuando aún no tienen las competencias psicológicas para asumirlos, saltándose las tareas psicológicas propias de la infancia, lo que ―junto a la inestabilidad de la vida familiar que priva al niño de la seguridad emocional requerida― acaba perjudicándoles en su madurez. Paradójicamente este “acortamiento” de la infancia no es para llegar antes a la madurez sino que se acompaña por una adolescencia muy prestigiada, mucho más larga ­―en no pocas ocasiones interminable― y en la que todo el mundo quiere permanecer. El modelo cultural dominante, claramente adolescéntrico, favorece el consumo, el dócil seguimiento de los dictados y las tendencias de la moda, el vivir en el ideal de una libertad sin vínculos ni compromisos definitivos.
 
La Identificación de sexualidad y genitalidad.
O dicho en lenguaje corriente, «aquí te pillo, aquí te mato»: lo sexual se relaciona casi inmediatamente con lo que conlleva una excitación genital placentera, carente de todo significado personal. Es el amor líquido, una experiencia efímera desligada de lo sólido y duradero que favorece la identificación del amor con la satisfacción y gratificación inmediatas, sin proyección de futuro. El resultado es una progresiva despersonalización de la sexualidad y una creciente promiscuidad entre los adolescentes cuyos efectos se pretenden “controlar” a través de un uso masivo del preservativo o de la denominada “píldora del día después”, etc…
 
La Consideración de la sexualidad como mero objeto de consumo y la omnipresencia de lo sexual.
La sexualidad se convierte en un producto que genera una gran cantidad de beneficios económicos en un mercado atractivo y floreciente. Esto lleva a la omnipresencia de lo sexual en todos los ámbitos culturales, pero sobre todo en los medios audiovisuales: publicidad, prensa, radio, cine, televisión, internet, espectáculos… trivializando y banalizando el sexo y creando una sensación de indefensión que resulta no pocas veces abrumadora.
 
El Analfabetismo emotivo
Paradójicamente en un medioambiente simbólico hiperemotivo, los sociólogos y psicólogos ponen de relieve como una de sus señas de identidad es el analfabetismo emocional, es decir, la incapacidad de leer y escribir las propias emociones y sentimientos; una incapacidad de interpretar el propio mundo interior y de darle un sentido; una  incapacidad de expresar lo que se siente dentro de sí, permaneciendo silenciado o mal expresado, incomprensible e irrealizable. El contexto de soledad, la falta de puntos de referencia con autoridad, de maestros, de padres, de historias reales narradas en vivo y en directo, de comunidades vividas,… es un vacío llenado rápidamente por el mundo narrativo deformado e imaginario de la ficción simbólica del cine y la televisión en donde el lenguaje del amor se falsea al convertirse generalmente en recurso de atracción, fidelización o espectáculo.
 
El espejo de los modelos narrativos
La experiencia de la adolescencia lleva consigo una tensión entre cuerpo e identidad. En medio de transformaciones somáticas y continuos desajustes, el adolescente va a buscar su propia identidad como espiando, por así decir, su propio cuerpo que le resulta extraño. Delante del espejo -el propio y el medioambiental-, el adolescente oscila entre la euforia y la depresión, como oscila la misma sociedad entre el culto al cuerpo y el desprecio del mismo al convertirlo en objeto. En cualquier caso, cine, publicidad y series de televisión son una fuente permanente de búsqueda de modelos corporales ante los que comparar el propio cuerpo, que lleva consigo fuertes desajustes con la realidad y, por tanto, grandes dosis de frustración.