Más rasgos para hoy.

La Consideración de la sexualidad como mero objeto de consumo y la omnipresencia de lo sexual.
La sexualidad se convierte en un producto que genera una gran cantidad de beneficios económicos en un mercado atractivo y floreciente. Esto lleva a la omnipresencia de lo sexual en todos los ámbitos culturales, pero sobre todo en los medios audiovisuales: publicidad, prensa, radio, cine, televisión, internet, espectáculos… trivializando y banalizando el sexo y creando una sensación de indefensión que resulta no pocas veces abrumadora.
El Analfabetismo emotivo
Paradójicamente en una medioambiente simbólico hiperemotivo, los sociólogos y psicólogos ponen de relieve como una de sus señas de identidad, el analfabetismo emocional, es decir, la incapacidad de leer y escribir las propias emociones y sentimientos; una incapacidad de interpretar el propio mundo interior y de darle un sentido; una  incapacidad de expresar lo que se siente dentro de sí, permaneciendo silenciado o mal expresado, incomprensible e irrealizable. El contexto de soledad, la falta de puntos de referencia con autoridad, de maestros, de padres, de historias reales narradas en vivo y en directo, de comunidades vividas,… es un vacío llenado rápidamente por el mundo narrativo deformado e imaginario de la ficción simbólica del cine y la televisión en donde el lenguaje del amor se falsea al convertirse generalmente en recurso de atracción, fidelización o espectáculo.
El espejo de los modelos narrativos
La experiencia de la adolescencia lleva consigo una tensión entre cuerpo e identidad. En medio de transformaciones somáticas y continuos desajustes, el adolescente va a buscar su propia identidad como espiando, por así decir, su propio cuerpo que le resulta extraño. Delante del espejo -el propio y el medioambiental-, el adolescente oscila entre la euforia y la depresión, como oscila la misma sociedad entre el culto al cuerpo y el desprecio del mismo al convertirlo en objeto. En cualquier caso, cine, publicidad y series de televisión son una fuente permanente de búsqueda de modelos corporales ante los que comparar el propio cuerpo, que lleva consigo fuertes desajustes con la realidad y, por tanto, grandes dosis de frustración.