Dos testimonios más: otro periodista y un arquitecto. Sigue habiendo vida más allá de la tele. Ahi van:
Daniel Estulín (Vilnius, “ex URSS”, 1966), escritor, periodista, autor de dos best sellers mundiales sobre el llamado Club Bilderberg. Web oficial

«Jamás he tenido televisión. De niño sí, como cualquier otra persona, en blanco y negro. Recuerdo que a los 6 años, observando al presentador del telediario de la noche, me fui detrás del aparato para ver si estaba allí. Como no lo encontré, concluí que la tele era mentira. Con 43 años, el concepto no ha cambiado, aunque ahora lo puedo explicar mejor» Para él, la dependencia disfraza una prisión mental consentida por casi todo el planeta. «Se trata de una forma perfecta de control: logra que los controlados piensen que ejercen su libertad mientras son manipulados. La tele dicta las cosas que quiere que hagamos o que pensamos, es otra forma de dictadura que nos lava el cerebro. La gente cree que lo que sale en televisión es la verdad, y que lo que no aparece en el telediario (o en las portadas de los periódicos) no lo es».


Alberto Campo Baeza (arquitecto, Valladolid, 1946). No tiene ni reloj ni coche ni móvil ni, por supuesto, tele.Web oficial

“Me considero radicalmente independiente. Libre. No tengo tele porque es prescindible. Porque no me aporta nada. Porque me hace perder el tiempo. Porque las imágenes que necesito me las da el ordenador. Porque las noticias me las da la radio. Porque no es fácil escapar a su manipulación. Porque tengo montones de libros que leer. Porque el cine es para verlo en el cine. Porque no tener televisión me da más libertad. Porque la tuve hace años y un día dije: “nunca más” y me deshice de ella. Porque es una caja tonta, tonta. Porque cada vez que la vuelvo a ver me reafirmo en lo acertado de mi decisión».

Vean televisión, no la consuman y, si es posible, prescindan absolutamente de ella.

Coda:Según Paulino Castells, especialista en Psiquiatría, Pediatría y Neurología y coautor de Enganchados a las Pantallas (Planeta), las personas más refractarias a la televisión y que son capaces de dominarla serían:

«personas que tienen suficientes gratificaciones en su vida cotidiana, trabajo, actividades, aficiones, como para que no les dé tiempo a acudir a la pantallas. La persona que tiene una vida plena no siente la necesidad de recurrir a la televisión. En general, hablamos de individuos con criterio y discernimiento –saben lo que quieren y lo buscan-, que son eminentemente activos».