Hace unos pocos días, en nuestro medioambiente fotográfico, el fotógrafo del día era Jeong Mee Joon, una coreana afincada en EEUU. Sin juzgar la calidad de su trabajo, me ha interesado por las series de fotografías en las que trata de situar al ser humano entre sus cosas.
Las cosas nos rodean, nos acompañan y hablan de nosotros. Las fabricamos, las adquirimos, las usamos. Las coleccionamos, las ordenamos, las clasificamos. Las civilizamos. Construyen nuestro universo doméstico, profesional o vital. Son extensiones de nuestro propio cuerpo. Son objetos y, por lo tanto objetivos, pero al hacerlas nuestras las subjetivizamos, las humanizamos y pasan a formar parte de nosotros como sujeto. El hombre es él y su circunstancia, y en su circunstancia, rodeándole, están las cosas. 
 
Pero también, en el medioambiente simbólico hiperconsumista, las cosas nos atraen y acaban amenazándonos, las adquirimos y se apoderan de nosotros, las consumimos y a la vez nos consumen, nos invaden, nos rodean, nos ahogan, nos obligan a ser lo que no queremos ser.
En su serie The Pink & Blue Project no me impresiona tanto su intención de destacar el papel de etiqueta cultural como la sensación invasiva de esos objetos que rodean la imagen humana de los niños ahogados en sus propias cosas: