Recién salido del horno, leo el breve ensayo Sobre la televisión, espectadores y espectros que Higinio Marín, profesor titular de Antropología Filosófica en la Universidad CEU Cardenal Herrera, ha publicado en su último libro El hombre y sus alrededores. Lo cierto es que los mejores ensayos sobre las pantallas, los han escrito siempre aquellos que no saben nada de la tecnología, pero que conoce bien al bípedo implume que la utiliza y saben pensar en el alcance de sus efectos: filósofos y antropólogos.

En este caso, el profesor Marín se aproxima a las pantallas a través de la reina televisión absolutamente hegemónica a pesar del aparente avance de internet, pero su análisis, definiciones y diagnósticos pueden aplicarse a cualquier soporte audiovisual que configure el relato con el cual se va tejiendo el medioambiente simbólico que constituye el objeto de este blog.

Podéis leer un resumen completo aquí, pero vamos a desgranar en unas cuantas entradas, empezando con la de hoy, sus ideas fundamentales.

Veamos.

Sin llegar a creer como Sartori que se haya producido un cambio en la naturaleza del hombre, afirma que las pantallas –donde él dice ‘televisión’ nosotros hemos puesto ‘pantallas’– «han modificado de la manera más relevante los hábitos sociales, perceptivos y cognitivos de vastísimas poblaciones en el último tercio del siglo XX.»

«Se trata de un influjo cognitivo que afecta a lo que conocemos y a cómo lo conocemos.» Ver con nuestros propios ojos ha dejado de ser garantía de estar ante la realidad. Pone como ejemplo la anécdota de cómo  el malogrado Julio Anguita Parrado al presenciar desde la calle en Manhattan el ataque a las torres gemelas y al no poder creer lo que estaba viendo, tuvo que subir a su apartamento para comprobar en la televisión que efectivamente era cierto. Siempre me ha llamado a mí la atención la escena repetida de las películas sobre política norteamericana en las que todo el mundo –hasta el mismo Presidente de la nación– se enteran de lo que pasa en la Casa Blanca a través de la televisión. Y es que «son los noticiarios los que expiden los certificados de existencia».

«No es el orden físico de lo real el que confirma el plano mediático de la noticia, sino al revés. La realidad contemporánea no sólo incluye  las formas virtuales y mediáticas de su representación, sino que depende de ellas para hacerse efectiva, para realizarse.»

El que no sale en la foto no existe. Mejor dicho, existe, pero no se le ve, así que no llega a ser real hasta que la pantalla le da ese certificado de realidad haciéndolo visible: «En cierto sentido, las pantallas, realizan – hacen real– lo que muestran. … Las guerras no televisadas, por ejemplo no producen estados de opinión, ni comunicados políticos, ni reuniones al más alto nivel,…. Ni se hacen tema de conversación … … la realidad no televisada es la que se ha convertido en virtual, o mejor, en fantasmal. … Las personas y sucesos que no salen en las pantallas son fantasmas físicos que no se ven, en el sentido más amplio y social de la expresión

Y para terminar hoy, un párrafo dedicado a lo que, desde Sartori, hemos explicado aquí como el pseudoacontecimiento : «No es sólo que el hecho sea el mensaje. Es que ahora producimos hechos que no son más que mensajes …: se producen acontecimientos sin ningún otro fin que su aparición en los medios.» «Nuestra realidad ha crecido tanto en su dimensión comunicativa por acción de los medios que ellos mismos se han convertido en la principal fábrica de acontecimientos