Para terminar esta serie un último post de Inspirinas en el que Gustavo Entrala ejemplifica algunas de las cosas que hemos visto en los dos anteriores: el producto -el gato-, un refresco de burbujas con sabor a jarabe. El valor asociado -la liebre-, la felicidad del compartir. Realización perfecta por parte de las tres agencias publicitarias, inversión millonaria, ni una sola cualidad del producto, sólo amistad y gente feliz: la vieja chispa de la vida actualizada emocionalmente en una especie de responsabilidad social corporativa. Todo pura ficción y, sin embargo, qué eficacia en los corazones de los consumidores que inevitablemente consumimos la marca envuelta en esa ola de simpatía construida en esas historias tan bien contadas. Soportes: tv, YouTube, Redes Sociales. Alguno de estos vídeos sobrepasa los dos millones de visionados.

La botella que sólo se abre con ayuda

Leo Burnett, Colombia

El tapón que sirve para hace llamadas telefónicas

Young&Rubicam, Dubai

Una Coca-Cola para los enemigos

McCann, Milán

Todo sería perfecto si no nos estuvieran dando gato por liebre. Ficción por realidad. Ficción con apariencia de realidad que acaba haciendo real una cualidad inexistente con la que el consumidor identifica la marca. Ficción, digo.  Y si no que se lo pregunten a los trabajadores españoles de la fábrica del producto sometidos estos días precisamente a un ERE rabioso por deslocalización.

Referencias:

Un último post de Inspirinas: ¿Quieren ocupar las marcas el espacio de la religión?