La semana pasada, La Noche Temática de La 2 de RTVE, emitió un interesante programa con dos documentales dedicados a dos iconos de nuestro tiempo construidos y mitificados por los medios: Grace Kelly y Lady Di.

Inserto aquí uno de ellos, ‘El último día de Lady Di’, una producción británica de 2007, dirigida por John Moulson.

 
 

Es asombrosa y a la vez muy ilustrativa de lo que es el mundo de la imagen que vivimos hoy: la cacería de imágenes, la persecución de los fotógrafos, el precio alcanzado por alguna de esas fotos, la utilización ambivalente que de ellas hace la misma protagonista, la retroalimentación del mito por parte de los objetivos de las cámaras que lo van construyendo. Y la triste constatación de que tras toda esa tramoya no hay nada… nada más y nada menos que una simple mujer.

Hemos analizado el fenómeno de la fama un buen puñado de veces. La realidad ficticia de los mitos creados por los medios. Incluso hemos concretado por su amplitud y profundidad mediática el caso paradigmático de Lady Di que a mí no deja de sorprenderme.

En realidad, no deja de sorprenderme el fenómeno icónico de la fama. ¿Qué autoridad tiene frente al consumidor que Fulanita Cruz use tal crema o Fulanito Banderas tal reloj? ¿Por qué una imagen de seis por cuatro metros de Mengana Verdú puede dar valor a las rebajas de unos grandes almacenes presidiendo su fachada? Todos sabemos que los tres cobran por ello y que probablemente ni Fulana use tal crema, Fulano tal reloj, ni Mengana se vista con las rebajas del gran almacén que preside durante unos días. Y sin embargo… hay gente que decide gastar su dinero en pagarles como gancho de nuestra mirada luego será que es altamente rentable.

¿Será que nuestras decisiones de consumo hace días que no están presididas por la cabeza, sino por las emociones incluso en tiempos de crisis como estos?

Será.

Pero no deja de sorprenderme.