rebecca MackinnonMackinnon cita a Castells: «a medida que internet crece, también crece la dependencia de los ciudadanos respecto a internet para alcanzar y mantener la democracia

«Entre nuestra excitación por las nuevas tecnologías,dice luego la autora nuestro supuesto por defecto como ciudadanos debería ser que los gobiernos, las empresas poderosas que buscan dominar el mercado y otros grupos de interés usarán las redes digitales para obtener y mantener el poder siempre que se presente la oportunidad.» Desconfiar es un principio democrático. Pero es que antes sabíamos de quién debíamos desconfiar.  Ahora no es que ya no desconfiemos es que ni siquiera sabemos de quién debemos desconfiar.

En un capítulo dedicado a la gobernanza de la red, explica como la mayoría de las grandes empresas de internet apoyan y participan en las organizaciones que manejan y ordenan el funcionamiento de la red, todas con siglas en inglés: Grupo Especial de Ingeniería de Internet (IETF), el World Wide Web Consortium (W3C), la Corporación de Internet para la Asignación de Nombres y Números (ICANN). Los gobiernos no dirigen ninguna de estas organizaciones, pero están en todas ellas y especialmente EEUU en una posición dominante. El presupuesto de la ICANN «procede de las tasas obtenidas a través de la venta de los nombres de los dominios. Tanto su ubicación como el dominio americano en esta organización ha inquietado a otros países del mundo que han pretendido que esta tarea pasara a la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT) dependiente de la ONU. Por ahora con EEUU y las organizaciones defensoras de los derechos humanos a favor de mantener el statu quo, las cosas siguen igual. Mientras tanto la ONU acordó crear un nuevo taller de discusión (El International Gobernance Forum) donde reunirse anualmente gobiernos y empresas para discutir la política de internet, y dominado por las mismas tensiones y desigualdades políticas de la propia ONU

¿Quién controla a estas organizaciones? Ellas mismas, es decir, nadie.

La mayoría de los usuarios de internet nunca hemos oído hablar de estas organizaciones ni conocemos las luchas de poder mundiales que están teniendo lugar dentro y en torno a estos y otros muchos acrónimos. … «Muchos de los participantes en estas luchas de poder afirman estar representando los intereses de personas que no tienen ni idea de que existen y que probablemente no confiarían en ellos si lo supieran».

Por ejemplo, ¿quién controla los nombres de los dominios y quién gana dinero con ellos? «Dominios como sex.com y business.com se han vendido por millones de dólares, beneficiando a los pioneros expertos en tecnología que se hicieron con los dominios en los años noventa.» Un nombre de dominio genérico viene a costar 185.000 dólares más una cuota anual de 25.000.

«El control sobre la propiedad y los bienes raíces en el mundo físico ha sido siempre un foco de políticas complejas y acaloradas discusiones. Hoy en día con internet estas luchas han entrado en una nueva dimensión» Sin embargo, ¿alguien conoce a alguien que discuta hoy sobre este asunto? ¿A alguien le preocupa? ¿Está en la agenda de los gobiernos, de la prensa, de las asociaciones de consumidores…?

«Si existe la suficiente cantidad de gente que siente que no puede fiarse de que las empresas de internet y de telecomunicaciones sean honestas respecto a qué datos sobre usuarios y consumidores están reuniendo –y con quién y cómo los comparte, y por qué–, las empresas no pueden esperar razonablemente no ser reguladas.   … es su responsabilidad demostrar que pueden ser fiables.  … Hasta el momento, hay demasiadas grandes empresas que simplemente han dado demasiadas razones convincentes para no confiar en ellas» Sin embargo, ahí están: dándonos un servicio indiscutible, proporcionándonos comodidades, comunicación y entretenimiento, pero sin que absolutamente nadie las controle, las regule, las fiscalice, exigiéndonos simplemente que nos fiemos de ellas.

Aquellos que se niegan a que internet permanezca desregulada como una garantía de libertad se equivocan: para que el tráfico físico fluya sin riesgos hacen falta semáforos y carriles e incluso multas. Sin ellos no seríamos más libres, simplemente seríamos suicidas.

(Vid. El resumen completo del libro de Mackinnon)