El pasado 7 de octubre un portal de Moscú se llenó de rosas blancas y negras depositadas por centenares de personas que recordaban así que  se cumplían cinco años del asesinato de la periodista rusa Anna Politkovskaya, perpetrado cuando preparaba un artículo sobre la represión rusa en Chechenia que fue publicado después de su muerte por sus compañeros de la “Nóvaya Gazeta”.
En un momento de crisis del periodismo y de la figura del periodista profesional, recordar la figura de Politkovskaya es hacer una homenaje a ese intermediario con la realidad que desde aquí defendemos siempre, frente al caudal informativo anónimo que bajo la apariencia de libertad  inunda y  paraliza a los usuarios. Necesitamos periodistas, personas íntegras que nos cuenten la verdad.
Sin embargo, hay una declaración de Nadezhda Prushenkova, redactora del periódico, a la agencia Efe y que reproduce ABC, que estremece por su contundencia y por su significado y que no lleva precisamente al optimismo: «Lo más terrible es que desde su asesinato en Rusia prácticamente ha muerto el periodismo valiente, directo y desafiante que ella practicaba. Ni siquiera los que encargaron el asesinato pensaban que lograrían que la sociedad cambiara tanto con la desaparición de Politkóvskaya (…), justo cuando más se necesitan profesionales con coraje«». Ojalá se equivoque. 

Según la UPR, (Unión de Periodistas de Rusia), 330 periodistas han muerto en Rusia desde la caída de la Unión Soviética. En los últimos años han sido asesinados cuatro reporteros de «Nóvaya Gazeta«, la publicación más crítica con la gestión del Vladímir Putin, donde Politkóvskaya trabajó desde 1999 hasta el día de su muerte.

Que descanse en paz, que su valentía sea un ejemplo para todos y que su muerte no sea un sacrificio inútil.
Podéis leer una breve  crónica de su vida y obra aquí.